Los sueños, son esos anhelos del corazón que nos mueven en nuestro camino, son el combustible de nuestra alma y el motivo por el cual ponernos de pie cada día. Pero a algunos les sonará a cuento chino esto de los sueños y es que no todos han descubierto el suyo, así como algunos siguen un sueño que no es suyo y es que en este mundo hay 3 tipos de personas, los que saben lo que quieren y trabajan por conseguirlo, los que aún no descubren su sueño y los que al no encontrarlo se dedican a destruir el de los demás, creo que está demás decir cuales son los “malos” de la historia y lo digo entre comillas, porque en el fondo son solo víctimas de las circunstancias.

Desde muy pequeño la vida me ha parecido muy aburrida, todos los días lo mismo, nada interesante ocurría y llegó un punto en el cual me acostumbré a eso y terminé “aceptándolo” y lo digo de esta manera porque a pesar de que vivia bien, en el fondo no me sentia conforme y siempre quería más. Algunas veces como todo niño, imaginaba una vida como la de los videojuegos, donde todo representara una aventura, con magia, amigos que te acompañen en un loco viaje y peleando con monstruos en calabozos (lo escribo y me da mucha nostalgia). Pero bueno al final me conformaba con solo imaginarlo, aunque con los años esto fue cambiando poco a poco.

Al crecer un poco más descubrí de que la vida no era tan aburrida como parece, que sí, te puedes encontrar gente maravillosa que te acompañe en cada viaje y ahí fue cuando descubrí lo que era tener amigos, pero sentia que faltaba algo y a pesar de estar un poco más alegre con mi vida, sentía que aún iba sin rumbo.

Entonces, llegué a la universidad y fue como ver un universo de diferencias y situaciones donde me sentía tan pequeño, pero a la vez siendo parte de algo tan grande, cada día era un reto distinto, siempre había alguien nuevo a quien conocer, una historia nueva que escuchar y cómo no una nueva anécdota que contar. Era un cúmulo de emociones y experiencias de gente luchando por sus sueños y eso amigos míos me hacía muy feliz, pero… ¿Cuál era mi sueño? y esa fue la gran interrogante que me persiguió durante tantos años en los cuales solo me limité a formar parte de los sueños de los demás, cosa que no me molestaba, pero en el fondo quería algo más.

Fue entonces cuando un mes de diciembre colgue un papel en un arbol de los deseos en mi universidad y ese papel decía “Deseo que mi vida cambie” y vaya que cambió bastante, eso fue un claro ejemplo de la frase “Cuidado con lo que deseas” desde ese día una serie de eventos me llevaron a dejar todo lo que ya estaba haciendo y emprender mi más grande viaje, una aventura donde descubriría que un viaje en bus puede ser una expedición, que los monstruos se visten con piel de humanos, que los recuerdos son las recompesas y que la verdadera magia está en el corazón. Una aventura que relaté en mi post ¿Cómo llegué aquí? y la cual aún apenas comienza.

Es por eso que trabajo cada día por ser realmente libre, por vivir una vida la cual pueda recordar y por motivar a cada persona a seguir sus sueños, porque solo siguiendolos podremos enfrentar nuestros miedos y vivir por lo que realmente queremos. Esto puede sonar utópico, pero la verdad es que es un trabajo eterno y como lo soñé desde pequeño, toda una aventura sin fin.